¿QUIÉN QUIERE SER MAMÁ?, ¿Y PAPÁ?

Por: Verónica González,
coordinadora de contenidos de Red Familia

Hoy en día la maternidad está muy devaluada y aunque casi todos reconocemos en nuestra madre a una de las personas más importantes de nuestra vida, las jóvenes de hoy tienen una idea negativa de la maternidad.

Algo está pasando con nuestro concepto del valor de la vida humana. Mientras que antes se consideraba la fertilidad como algo muy afortunado, hoy se le considera como un problema que hay que evitar a toda costa, e incluso “resolver”.

¿Será que nuestra propia vida nos parece tan mala que no queremos que otros la sufran igual? Me ha tocado escuchar esa frase, “no quiero tener hijos para que nada más vengan a sufrir”, como si la vida estuviera hecha sólo de sufrimiento, cosa que no es verdad y lo podemos constatar con el apego que todos tenemos a nuestra propia vida. Sabemos que tenemos que morir pero a nadie nos gusta la idea.

El miedo y rechazo de la paternidad/maternidad, tal vez se debe a que hemos perdido de vista que cada persona humana vale en sí misma y por sí misma, y que a lo largo de su vida, aunque de hecho tendrá que enfrentar el sufrimiento, seguramente experimentará también la felicidad de diversas formas. Pero además parece que no sabemos que cada persona tiene mucho que aportar a lo largo de su vida.

Hoy se insiste en que las mujeres deben olvidarse de la maternidad como una opción de vida. Se piensa que ésta es un obstáculo para su desarrollo personal, que su papel de trabajadora y profesionista no debe verse limitado por su papel de madre. Dejan de lado a los miles de personas que conjuntan la labor de ser madre y/o padre con su profesión.

Los hijos son cosa de dos, sin embargo, a la mujer es a quien se confía la vida en sus comienzos. En su cuerpo surge la vida como una respuesta a la unión amorosa entre una mujer y un hombre; dentro de ella crece la vida de un nuevo ser humano, su hijo, que va desarrollándose paulatinamente y se forma todo su cuerpo. La madre, a pesar de los achaques propios del inicio del embarazo, experimenta la alegría de saber que en su vientre lleva un tesoro, una vida nueva de la que ella y el hombre que ama son la causa, que es un reflejo del amor que se tienen, y que es desde ahora parte de su vida.

Sí, es verdad, los hijos cuestan y cuestan mucho, por eso necesitan que sus padres se conserven amorosamente unidos, porque los hijos cuestan, pero ¡valen mucho más de lo que cuestan!

Desde que una mujer y un hombre se convierten en padres, tienen una tarea para toda la vida. Pero su responsabilidad no es un peso que se lleve con disgusto, es un peso amable porque el amor que tienen a sus hijos les hace capaces de hacer por ellos cuanto sea necesario para su crecimiento, desarrollo y felicidad.

La maternidad y la paternidad no sólo tienen un enorme valor para quienes son padres y para sus hijos, lo tiene también para la sociedad porque garantiza el futuro de esta.

La paternidad/maternidad es un testimonio de la esperanza que tenemos en que este mundo puede ser mejor que como lo hemos encontrado, sobre todo si nos empeñamos en formar familias fuertes, porque para afrontar todos los escollos que surjan en el camino y construir un futuro mejor para el bienestar de sus hijos, en la familia está la solución.

Fotografía: Marisol García Chávez, participante de la 4ª. Edición del Premio FAMILIArizARTE, 2015.